Estaba previsto que el recién estrenado año 2019 trajera la desaparición de uno de los “muebles” urbanos más singulares, las cabinas telefónicas, aunque por ahora se ha aplazado la decisión.
 
Estas cabinas están consideradas un servicio público y por ello la administración obliga a Telefónica a mantenerlas. Sin embargo la irrupción masiva de teléfonos móviles ha provocado que las cabinas públicas hayan dejado de usarse, por lo que pierde sentido su consideración como servicio público y, aunque ahora se ha aplazado, en breve desaparecerán.
 
Dentro de pocos años nadie recordará el sentido de una película tan emblemática como la dirigida por Antonio Mercero y protagonizada por José Luis López Vázquez.
 
Estas consideraciones dan pie a recordar la evolución de las comunicaciones y los episodios curiosos a que dieron lugar en algunos puntos del Cerrato.
 
La comunicación es una de las principales facetas del desarrollo humano, y base del progreso de la humanidad. Lenguaje gestual, sonidos guturales, señales de humo… cualquier cosa valía.
 
Dando un salto hasta finales del siglo XVIII, la aparición del anteojo facilitó la invención del telégrafo óptico, que fue el sistema de comunicación propio del siglo XIX y que afecta, como no podía ser de otro modo, al Cerrato.
 
En el Estado español, basándose en los proyectos del inventor canario Agustín de Betancourt y del relojero suizo Abraham Louis Breguet, el telégrafo óptico se organizó en tres líneas de comunicación: Madrid-Irún, Madrid-Cádiz, y Madrid-Barcelona-La Junquera, dotadas con torres construidas por La Dirección General de Caminos.
 
La línea Madrid-Irún (denominada Línea de Castilla, que unía la capital del Estado con la frontera con Francia) fue diseñada por el ingeniero militar José María Mathé Aragua durante la II Guerra Carlista, comenzando a funcionar el 2 de octubre de 1846. En poder del ejército isabelino, trasmitía fundamentalmente información de carácter militar.
 
Esta línea atraviesa el Cerrato. De las 52 torres que la jalonaban, 5 se asentaban en suelo cerrateño. La nº 19, en Cabezón de Pisuerga; la nº 20, en Dueñas, en el pago de Frausilla, muy cerca de Cubillas de Santa Marta; la nº 21 en Tariego de Cerrato, en la denominada cuesta de la Butrera; la nº 22, en Villamediana, en el paraje Isilla; y la nº 23, en Palenzuela, en el pago de Negredo, en el límite con Quintana del Puente.
 
Estas torres medían siete metros cuadrados de superficie y doce metros de alto, en varias plantas comunicadas por una escalera levadiza. La planta baja hacía funciones de fortín, un primer piso servía de vivienda para los telegrafistas (popularmente denominados torreros), un segundo piso albergaba la maquinaria propia de la labor telegráfica, y un tercer piso desde el que se trasmitía la información.
 
Para dicha trasmisión la torre tenía en esta planta alta dos ventanas, una mirando hacía la torre anterior y otra hacía la posterior. Con un catalejo se observaba el mensaje de la torre anterior y se reproducía en la ventana opuesta para comunicárselo a la torre siguiente mediante el movimiento de una bola cuya posición y grado de inclinación generaba unas claves numéricas produciendo un mensaje encriptado.
 
Dado que la información que trasmitían era secreta (por su carácter militar), los torreros tenían prohibido llevar a nadie a la torre. Pero dado el miedo a ser asaltados por bandas que pensaban que en las torres se guardaba dinero y joyas, temían estar solos y solían llevar a la torre a algún amigo o a la novia.
 
De estas torres, la de Tariego de Cerrato es de las poquísimas que se conservan. Por ello el Ayuntamiento ha puesto énfasis en su rehabilitación. Ha inmatriculado el terreno en que se ubica con el propósito de convertirlo en un centro de interpretación de la telegrafía óptica, construir un mirador y un punto de información turística, y ha solicitado la declaración de Bien de Interés Cultural. Por todo ello la Asociación de Amigos del Telégrafo realizó un acto de homenaje y reconocimiento al Ayuntamiento, entregando un diploma y una insignia a su alcaldesa, María Isabel González Soler.
 
No en vano la torre del telégrafo es uno de los emblemas de Tariego de Cerrato, hasta el punto de formar, junto al puente, parte principal del escudo de la localidad.